Un refugio en altura, hecho para bajar revoluciones y conectar con lo que realmente importa. La luz entra calma, sin el ritmo de la calle, y cada ambiente invita a vivir a otro tempo: mate en el balcón, música suave al caer la tarde, una charla extendida en el comedor o una buena película sin interrupciones.
Los dos dormitorios, con suite principal y vestidor, crean un espacio íntimo y cálido para el descanso. La cocina definida con lavadero y la distribución equilibrada aportan orden y funcionalidad, sin perder la armonía visual que hace que todo se sienta más liviano, más simple, más habitable.
Un hogar silencioso, amable y lleno de pequeñas escenas cotidianas que se disfrutan más: abrir las ventanas y sentir el aire, cocinar sin apuro, volver cada día y tener la certeza de que estás en tu lugar en el mundo.
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